Duarte murió a un mar de distancia del país fundado por idea suya

Por el 15/01/2013
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Historiadores coinciden en que la decepción embargó al patricio al ver cómo se aniquilaba la independencia

A las 3:00 de la madrugada del 15 de julio de 1876, en una habitación alumbrada solo por una vela, Duarte exhalaba su último suspiro, acompañado de sus hermanas Rosa y Francisca, así como su hermano Manuel, quien en medio de su demencia vociferaba incoherencias en la habitación contigua. El sepelio del patricio se realizó en el día, en una humilde fosa del cementerio de Tierra de Jugo, con la asistencia de los vecinos más cercanos.

Duarte salió por última vez de República Dominicana el 7 de junio de 1864 en misión diplomática por Suramérica, y se radicó en Caracas, Venezuela, donde pasó los últimos años de su vida sobreviviendo de una fábrica de velas y de los pocos ingresos de sus hermanas, que ejercían de costureras.

Los Duarte-Diez eran en Caracas unos simples dominicanos emigrantes, sin prestancia y pobres. Mientras Rosa y Francisca perdían poco a poco la visión, la demencia hacía de Manuel el “loco del barrio”, mientras Juan Pablo lucía como un hombre 20 años más viejo, desaliñado y sin garbo.

La patria prometida

Con Duarte en el exilio, la noche del 27 de febrero de 1844 nacía la República Dominicana. Él la había ideado libre, soberana, independiente de toda potencia extranjera. Por ese ideal había luchado y recibido el apoyo total de sus padres y hermanos.

Imbuido del sentimiento humanista y de justicia que definían al romanticismo y liberalismo de entonces, Juan Pablo Duarte apostaba por una nación de respeto al ser humano, que fomentara la educación, la libertad política y de cultos, las buenas relaciones con todos los pueblos, incluyendo al haitiano, del que admiraba su determinación por obtener su libertad y filosofía antiesclavista.

Así lo plasmó en los primeros esbozos que hizo de lo que debía de ser la Constitución de la República, en los que dejó plasmado su concepto de la educación, de la solidaridad, de lo que debía ser el Estado como tal, y de lo que, a su juicio, es la actividad política, la que definió como la más noble de las ciencias.

La frustración

Cuando el gobierno restaurador envió a Juan Pablo Duarte en misión diplomática para recabar apoyo de las naciones sudamericanas, el patricio habría asumido que era víctima de una jugada que buscaba tenerlo lejos de la patria.

Los gobiernos sucesivos parecían alejarse de la patria que había ideado. De acuerdo con el historiador Jorge Tena Reyes, el desánimo fue tal que ya en Venezuela el patricio se internó en la selva por largo tiempo, dándosele, incluso, por desaparecido.

“Duarte debió haber estado pensando en la patria, frustrado, viendo que eso no era por lo que tanto había luchado”, señaló en una entrevista con Luis Martín Gómez en el espacio Yola Yelow, que se produce los sábados por CDN, Canal 37.

Su muerte

Tras padecer por años múltiples achaques y penurias económicas, la figura del patricio se tornaba cadavérica. Para sus vecinos, era un viejo más, un dominicano emigrante que se consumía en la más completa miseria.

Sus hermanas cuidaban de él y su hermano Manuel. A los 63 años, la noche del 15 de julio, Duarte entraba en la agonía final. Rosa y Francisca rezaban iluminadas por un cirio probablemente hecho por el mismo patricio.

A las 3:00 de la madrugada se apagó su vida.

Ha trascendido que muy poca gente acudió al velatorio. Para el vecindario de Caracas en que vivió él no era nadie.

Su ataúd fue cargado en andas por los vecinos y llevado al cementerio de Tierra de Jugo (Cementerio General del Sur, posteriormente demolido) donde fue sepultado en una fosa que sus hermanas se esmeraban en cuidar con devoción.

Ocho años después el Gobierno dominicano dispuso el traslado de sus restos a suelo patrio e invitó a Rosa, Francisca y Manuel a volver a la patria que junto a Juan Pablo habían fundado.

El gesto fue agradecido, pero Rosa y Francisca Duarte-Diez decidieron permanecer en Caracas, ya que -en su locura- Manuel se negaba a regresar.

Duarte y Moisés pagaron caro por el pecado ajeno

Tanto Juan Pablo Duarte como Moisés, que de acuerdo con la Biblia es el libertador y fundador del pueblo de Israel, tuvieron el mismo destino: morir lejos de la tierra soñada. En Caracas, Venezuela, Duarte recibía noticias de cómo República Dominicana se desdoblaba y se alejaba cada vez más de los postulados independentistas y de justicia social sobre la que se fundó. Su presencia en suelo patrio parece ser que representaba un peligro para determinados intereses y fue enviado fuera del país en labores diplomáticas, y detrás de él su familia. El abandono fue total y murió sin regresar jamás.

Moisés, como escogido por Dios, liberó a Israel de la esclavitud que padecía en suelo egipcio. Una serie de eventos que escapaban de sus manos hizo que Dios le prohibiera entrar a la tierra prometida, a la que solo pudo ver a lo lejos, desde el monte Nebo (en la acual Jordania), pagando por el pecado ajeno.

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