Un papado marcado por escándalos

Por el 12/02/2013

El papa Benedicto XVI enfrentó la tarea de purgar la Iglesia de acusaciones de abusos sexuales

Luego de declarar que carece de la fuerza para cumplir con su misión pastoral, el papa Benedicto XVI anunció ayer que renunciará el 28 de febrero, una decisión que no se observaba desde hace 600 años y que dejó lista la escena para que a mediados de marzo un cónclave elija al nuevo líder de una Iglesia católica que atraviesa por una época turbulenta.

El Papa de 85 años anunció la decisión en latín, durante un encuentro de cardenales o consistorio. La decisión sorprendió incluso a sus colaboradores más inmediatos, aunque Benedicto XVI ya había dicho anteriormente que dejaría su función si llegara a sentirse abrumado por la edad o por enfermedad.

Benedicto consideró que su decisión tenía una “gran importancia para la vida de la Iglesia”.

Su misión era reavivar el cristianismo en una Europa secularizada, pero se topó en cambio con la tarea monumental de purgar la Iglesia de un escándalo de abusos sexuales que creció durante el papado de Juan Pablo II y que le estalló en las manos, siendo la crisis más grande de la Iglesia en las últimas décadas.

Recientemente, Benedicto cargó con el peso doloroso de la traición de uno de sus colaboradores más cercanos: su propio mayordomo, quien fue hallado culpable por un tribunal del Vaticano de robar documentos personales del pontífice para dárselos a un periodista, una de las filtraciones de seguridad papal más graves de los tiempos modernos.

Al mismo tiempo, Benedicto prosiguió su visión inquebrantable de reavivar la fe católica en un mundo que, como él se lamentaba con frecuencia, parecía creer que puede prescindir de Dios.

“En numerosas partes del mundo de hoy, hay un extraño olvido de Dios”, dijo a un millón de jóvenes reunidos en un campo enorme de Colonia, Alemania, en 2005, durante su primer viaje al extranjero como Papa.

Con algunas medidas decisivas y a menudo controvertidas, Benedicto trató de recordarle a Europa de su herencia cristiana y de colocar a la Iglesia católica en un camino tradicional, que a menudo alejó a los progresistas y emocionó a los conservadores.  Sin embargo, su papado estará vinculado para siempre a los escándalos de abusos sexuales.

Durante el curso de unos pocos meses en 2010, miles de personas en Europa, Australia, Latinoamérica y otros lugares denunciaron que sacerdotes los habían violado y agredido sexualmente cuando eran menores, y que los obispos habían ocultado esos delitos.

Varios documentos revelaron que el Vaticano estaba al tanto de los problemas pero durante décadas se hizo de la vista gorda, e incluso en algunos casos rechazó a obispos que trataron de hacer lo correcto. El Papa tuvo conocimiento de primera mano sobre el alcance del problema en su antiguo despacho, la Congregación de la Doctrina de la Fe, que dirigió desde 1982, y era responsable de hacer frente a los casos de abuso. Se reunió con víctimas de todo el planeta, lloró y oró con ellas. Prometió que la Iglesia tenía que “hacer todo lo posible” para asegurar que esos crímenes no volvieran a ocurrir jamás. El Vaticano actualizó su código jurídico para extender la prescripción de los delitos e informó a las conferencias de obispos de todo el mundo que implementaran directrices para prevenir el abuso. Pero Benedicto nunca admitió ninguna falla personal o que el Vaticano hubiese hecho algo indebido.

Un frío estilo personal

A pesar del empeño que puso en tratar de sanar las heridas de la Iglesia, el mensaje de Benedicto siempre quedó bajo la sombra de su frío estilo personal. Benedicto, que no fue el Papa popular que recorrió el mundo ni la estrella de los medios de comunicación como Juan Pablo II, fue un maestro y académico hasta los tuétanos: de poco hablar y pensativo, y con una mente inquisitiva. Hablaba en párrafos, no frases. En años recientes, su mala salud lo hizo parecer cada vez más frágil y alejado en público.  Su visión conservadora es un camino que su sucesor probablemente continuará dado que la mayoría del Colegio Cardenalicio -los príncipes de la Iglesia que elegirán al próximo Papa- fueron escogidos personalmente por Benedicto para garantizar su legado y asegurar un futuro ortodoxo para la Iglesia.

Benedicto escribió tres encíclicas: “Dios es amor” en 2006, “Salvado por la esperanza” en 2007 y “Caridad en la verdad” en 2009. Esta última fue quizás la más conocida porque exhortaba a crear un nuevo orden financiero guiado por la ética, y se publicó a raíz del desastre financiero mundial.

Sin embargo, para algunos la exhortación de Benedicto pareció hipócrita cuando un año después los dos principales funcionarios financieros de la Santa Sede fueron objeto de una investigación por lavado de dinero que resultó en la confiscación de millones de euros de un banco del Vaticano. El dinero fue devuelto más tarde después de que Benedicto, el principal legislador del Vaticano, enmendó el código jurídico para cumplir normas internacionales contra el lavado de dinero y la financiación de actividades terroristas. Las finanzas del Vaticano también fueron objeto de escrutinio cuando el mayordomo del Papa, Paolo Gabriele, fue arrestado en mayo de 2012 y acusado de robar correspondencia personal del Pontífice y de pasar los documentos a un periodista. Gabriele declaró a los investigadores del Vaticano que lo hizo porque pensaba que el Papa no estaba informado de “el mal y la corrupción” en la Santa Sede.

Lazos con judíos y musulmanes

Al igual que Juan Pablo II, Benedicto hizo del acercamiento a los judíos una de las claves de su papado. Su primer acto oficial como Papa fue enviar una carta a la comunidad judía de Roma y ser el segundo Papa en la historia, después de Juan Pablo II, en entrar a una sinagoga. Y en su libro “Jesús de Nazaret”, publicado en 2011, Benedicto exoneró al pueblo judío por la muerte de Cristo, explicando que desde el punto de vista bíblico y teológico, no había bases en las Escrituras que apoyaran el argumento de que el pueblo judío como un todo era el responsable de la muerte de Jesús. “Está muy claro que Benedicto es un verdadero amigo del pueblo judío”, dijo el rabino David Rosen, quien dirige la oficina de relaciones interreligiosas del Comité Judío de Estados Unidos.
Las relaciones de Benedicto con el mundo musulmán también tuvieron reacciones encontradas.

Benedicto criticó duramente al mundo musulmán en un discurso en Ratisbona, Alemania, en septiembre de 2006, cinco años después de los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos, en que citó a un emperador bizantino que caracterizó algunas de las enseñanzas del profeta Mahoma de “malignas e inhumanas”, particularmente “su orden de diseminar (esa fe) con la espada”. Buena parte del descontento que siguió a los pasos en falso de Benedicto en materia de relaciones con otras religiones se debió a problemas de comunicación en la Santa Sede: bajo Benedicto, el Vaticano sufrió de notorios errores de relaciones públicas y constantemente se demoró en reaccionar a noticias y entonces respondía con mensajes poco claros que exigían dos o tres aclaraciones antes de expresar lo correcto.

Pontífices renunciantes

Marcelino: Este Papa de principios de la historia del cristianismo abdicó o fue depuesto en el año 304 después de cumplir con la orden del emperador romano de ofrecer sacrificios a los dioses paganos.

Benedicto IX: Vendió el papado a su padrino Gregorio VI y abdicó en 1045.
Celestino V: Abrumado por las demandas del cargo, este pontífice hermético abdicó después de cinco meses en 1294. El papa Benedicto XVI rezó ante su tumba en la ciudad italiana de L’Aquila en 2009.

Gregorio XII: El último papa en abdicar. Lo hizo en 1415 para ayudar a poner fin a un cisma en la Iglesia.

19 abril, 2005
Elegido como líder 265 de la Iglesia el 19 de abril de 2005, Benedicto, que entonces tenía 78 años, era el papa más viejo elegido en 275 años.

Beatificación
En una de sus medidas más populares, beatificó en tiempo récord a su predecesor, lo que atrajo a 1.5 millones de personas en 2011.

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